Todas las chicas guapas libro

Madre con derecho quiere obligarme a casarme con su hijo y me falta el respeto. Termina espantada.

2020.07.05 14:29 Chitose_Isei Madre con derecho quiere obligarme a casarme con su hijo y me falta el respeto. Termina espantada.

Madre con derecho quiere obligarme a casarme con su hijo y me falta el respeto. Termina espantada.
Buenos días a todos.
Explicaré mi primer encuentro directo con una madre con derecho. Había visto a gente con derecho antes, pero nunca me había enfrentado a una persona hasta éste caso. La historia transcurre más o menos una semana antes del confinamiento en España (9 marzo); a pocas semans de cumplir 21. Está transcrita de un audio de whatsapp que le envíe a una conocida que sabe de mi relación.
No me considero una chica muy guapa, de hecho bastante normal, pero sí llamativa por mi estilo. Es como una combinación entre el gótico y cuando le pusieron una camisa y unos pantalones con tirantes a Edward Manostijeras. Solo que con el pelo largo (alrededor de 70 cm, midiendo 1'69), los ojos verdes con ojeras y mirada asesina y una cara eslava, aunque no de modelo.
Ese día salí con mi pareja a tomar algo en algún bar. No solemos hacerlo debido a la diferencia de edad y porque se vería mal en su trabajo (es profesor de secundaria y -en mi caso cuando era estudiante- de bachillerato. Es un buen profesor y muchos alumnos lo quieren, mientras que tiene compañeros que le tienen tirria y aprovecharían cualquier excusa).
Estuvimos una media hora sentados en la terraza de una cafetería casi vacía tomando un café, y en algún momento vino un chico hacia nosotros. Lo había visto pasar cerca nuestro junto a una señora (su madre), y sentarse en la misma terraza en el otro extremo de nuestra mesa, justo delante de mí con varias mesas de separación. Se quedó frente a nosotros, mirándonos.
Miré a mi pareja, pensando que tal vez era un exalumno suyo. No sabría decir si tendría más años que yo; era alto y grande, hasta tenía una barba corta, pero he conocido a chicos como él que parecen tener 25 pero tienen 16 años.

  • P - Pareja.
  • C - Chico.
  • M - Madre con derecho.

P: ¿Ocurre algo, chico?
C, después de despertar de una especie de trance: Oh, hola. Querría aprovechar la oportunidad y pedirle salir a tu hija -me miró y yo puse mi mirada de "si te acercas te quedas sin un brazo"-. Quisiera intercambiar números... y eso, tal vez quedar algún día.
Me quedé un poco sorprendida, pero me hizo gracia lo de "pedirle salir a tu hija". Miré a mi pareja y él me echó una mirada de que debía contestar y que, a parte, él también se estaba riendo y necesitaba ver cómo seguía.
Yo: Ehm... No.
C: ¿Y eso? ¿Por qué?
Yo, intentando no fruncir el ceño: Porque no, no necesito una explicación.
C: Pero -entonces miró a mi pareja y murmuró antes de volver a su mesa-... Vale.
No me gusta que me entren, pero si son amables es soportable. Y aún podría decir el par de pelotas que debe tener para pedirle eso a una chica que va con su "padre", el problema es cuando empiezan a insistir o suenan desesperados.
El chico volvió a su mesa y mi pareja estuvo bromeando un poco sobre lo que acababa de ocurrir, pero en seguida volvimos a retomar el tema de conversación. De vez en cuando notaba algo raro en la otra mesa y al echar un vistazo, me pareció que la madre miraba hacia nosotros, pero pensé que era mi imaginación. Unos quince minutos después, mi pareja entró para pagar (me gusta pagar lo mío, pero él siempre insiste) y yo aproveché para ver rápidamente las notificaciones del móvil. Entonces, escuché una especie de suspiro-gruñido.
Al lado de la silla ocupada por él, estaba esa mujer bajita, posiblemente mayor de 40 y (increíblemente parecida al estereotipo "Karen") con el pelo corto y rubio, recogido en una pequeña coleta.
M: ¿Por qué has rechazado a mi hijo? -un poco confundida, observé alrededor buscando a ese chico, pero no estaba en ninguna parte-.
Yo: Perdón, ¿qué ha dicho?
M en un tono de superioridad teatral, con sus separaciones entre palabras: ¿Por qué has rechazado a mi hijo? Él ha venido muy educadamente a preguntarte si serías su novia y lo has rechazado.
Yo: En realidad no, me preguntó para salir y le dije que no. Ni siquiera sé quiénes sois.
M: ¿A caso no lo has entendido? Él se ha molestado en ir hasta aquí para preguntar si serías su novia. Podrías tener un poco de respeto por él.
Yo: Bueno, no le pegué, solo lo rechacé.
M: Ya, seguro. He visto como os habéis estado riendo de él. Seguro que fue tu padre quien dijo que lo rechazaras.
(En realidad, no sé con qué conclusión sacan que mi pareja es mi padre. No nos parecemos fisicamente.)
Yo: Nadie puede decidir con quien salgo. Además, ya tengo pareja es... -miré el interior de la cafetería, pero él no estaba, así que supuse que fue al baño-.
M: Te he estado mirando, serías una buena esposa, mi hijo es un buen hombre. Seguro que ese novio tuyo no existe, te lo acabas de inventar.
Yo, levantándome para empezar a irme: Señora, no la conozco. Deje de molestarme. Si su hijo busca novia, que se descargue Tinder o alguna mierda de esas.
M: ¿¡Cómo te atreves a faltar el respeto!? ¿Así que de esas páginas de pervertidos sacas a todos tus novios?
No sé cómo debía ser mi cara en ese momento, estaba a punto de reirme en toda su cara. A parte, seguro que mucha gente nos estaba mirando mientras pasaba: Señora, déjelo ya.
M: No hasta que aceptes a mi hijo. Te educará para que seas una buena esposa. Quiero nietos...

Yo al escuchar eso.
Bueno, allí es cuando vi a mi pareja salir de la cafetería y caminar hacia mí mientras sacaba un cigarrillo.
P: ¿Amiga nueva?
Yo: No...
M: ¡Señor! Sé que le dijo a ésta que rechazara a mi hijo.
P: ¿El qué?
M: Pero no voy a consentir que le falte el respeto ni a mi hijo ni a mí. A parte de mal educada, es una fresca; ha confesado que está saliendo con varios hombres a la vez de esas páginas de pervertidos.
P: ¿A sí? -me miró sugerentemente mientras intentaba aguantarse la risa-. No me diga.
M: Sí, tengo razones para creer que ha estado metiendo hombres a su casa y cobrando por ello.
Yo estaba flipando en ese punto, mi pareja abrió los abrió los ojos sorprendido mientras la madre cruzaba los brazos mirándome con una sonrisa de superioridad. Él me miró y me abrazó por la cintura.
P: Vaya, ¿no me digas que es solo el precio del café? ¿O es que tengo descuento?
Yo le di una palmada en el pecho mientras pasaba un brazo por sus hombros y soltaba una risita: También descuenta las veces que me paso por tu casa, las películas, los libros y el perfume que te pones.
Nos besamos rápidamente, pero no tanto como esa madre cambiando de tono de piel y expresión. Su piel empalideció casi como la mía y tenía una cara entre asombro y espanto tan grande que apenas pudo soltar un grito antes de darse la vuelta e irse rápidamente.
Nosotros también nos fuimos. No vaya a ser que llamemos más la atención.
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2018.03.17 15:41 master_x_2k Gestación 1

Con permiso de Hidet, el traductor original, voy a subir los primeros capitulos

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________________________Gestación 1________________________

Breve nota del autor: Esta historia no está pensada para lectores jóvenes o sensibles.
La clase terminaba en cinco minutos y lo único que podía pensar era, una hora es demasiado tiempo para comer.
Desde el principio del semestre, había estado esperando con ganas a la parte de la clase de Mr. Gladly de Asuntos Globales en la que empezaríamos a hablar de capas. Ahora que al fin había llegado, no podía centrarme. Me removí, mi bolígrafo moviéndose de mano a mano, golpeando la mesa o dibujando una figura en la esquina de la pagina donde se uniría a otros garabatos. Mis ojos estaban también inquietos, volando del reloj encima de la puerta a Mr. Gladly y de vuelta al reloj. No estaba captando bastante de su lección como para enterarme de nada. Doce menos veinte, cinco minutos hasta que terminase la clase.
Él estaba animado, claramente interesado en el tema del que estaba hablando, y por una vez, la clase estaba escuchando. Era el tipo de profesor que intenta ser amigo de sus alumnos, el tipo que se hace llamar Mr. G. en vez de Mr. Gladly. Le gustaba acabar la clase antes de lo habitual y hablar con los chicos populares, mandaba muchos trabajos en grupo para que otros pudieran estar con sus amigos en clase, y nos hacia hacer trabajos “divertidos” como juicios de pega.
Me parecía uno de los chicos populares que se había convertido en un profesor. Probablemente pensaba que era el favorito de todos. Me preguntaba como reaccionaria si oyera mi opinión al respecto. ¿Rompería la imagen que tenia de si mismo o lo pasaría por alto como una anomalía de la chica triste que nunca hablaba en clase?
Eché un vistazo por encima de mi hombro. Madison Clements se sentaba dos filas a mi izquierda y dos asientos más atrás. Me vio mirando y sonrió, estrechando sus ojos, y baje la mirada al cuaderno. Intenté ignorar el feo y amargo sentimiento formándose en mi estomago. Miré al reloj. Once cuarenta y tres.
“Vamos a dejarlo aquí” dijo Mr. Gladly. “Lo siento chicos, pero hay deberes para el fin de semana. Pensad en los capas y como han impactado el mundo a vuestro alrededor. Haced una lista si queréis, pero no es obligatorio. El lunes nos separaremos en grupos de cuatro y veremos que grupo tiene la mejor lista. Le compraré al grupo ganador golosinas de la maquina expendedora” Hubo algunos aplausos, seguidos por la clase disolviéndose en un caos ruidoso. La sala estaba llena de sonidos de archivadores cerrándose, libros de texto y cuadernos siendo cerrados de golpe, sillas arañando baldosas baratas y el sordo rugido de conversación emergente. Un grupo de los miembros más sociales de la clase se reunieron alrededor de Mr. Gladly para hablar.
¿Yo? Yo solo guardé mis libros y me mantuve callada. No había escrito casi nada de apuntes. Había grupos de garabatos extendiéndose por la pagina y números en los margenes donde había contado los minutos hasta la comida como si llevase la cuenta del temporizador de una bomba.
Madison estaba hablando con sus amigas. Era popular, pero no guapa como las chicas populares estereotípicas de la televisión . En vez de eso ella era “adorable”. Exageraba esa imagen con extensiones azul cielo en su pelo marrón a la altura del hombro y una actitud mona. Madison llevaba un top sin tirantes y una falda vaquera, lo que me parecía una absoluta estupidez dado que aun era lo bastante pronto en la primavera como para que pudiésemos ver nuestro aliento por las mañanas.
No estaba exactamente en una posición para criticarla. Le gustaba a los chicos y tenia amigos, mientras que lo mismo no se podía decir de mi. La única característica femenina que tenia a mi favor era mi pelo oscuro rizado, que me había dejado largo. La ropa que llevaba no enseñaba piel, y no me llenaba de colores brillantes como un pájaro presumiendo de su plumaje.
Ella les gustaba a los chicos, creo, porque era atractiva sin ser intimidante.
Si supieran.
La campana sonó con un cadencioso ding-dong, y fui la primera en salir. No corrí, pero me moví a un ritmo decente mientras me dirigía por las escaleras al tercer piso e iba al baño de chicas.
Había media docena de chicas ya allí, lo que significaba que tenía que esperar a que quedara libre un cubículo. Vigile nerviosa la puerta del baño, notando que mi corazón se encogía cada vez que alguien entraba.
Tan pronto como hubo un cubículo libre entré y eché el pestillo. Me apoyé contra el muro y exhalé lentamente. No era exactamente un suspiro de alivio. Alivio implica que te sientes mejor. No me sentiría mejor hasta que llegase a casa. No, solo me sentía menos inquieta.
Pasaron quizás cinco minutos hasta que paró el ruido de otras chicas en el baño. Un vistazo por debajo de los tabiques me demostró que no había nadie más en los otros cubículos. Me senté en la tapa del retrete y cogí mi bolsa de comida para empezar a comer.
La comida en el retrete era rutinaria entonces. Cada día de instituto terminaba mi bolsa de comida y después hacia ejercicios o leía un libro hasta que la hora de comer había terminado. El único libro en mi bolsa que aun no había leído se llamaba “Triunvirato”, una biografía de los tres miembros principales del Protectorado. Estaba pensando en dedicar tanto tiempo como pudiera en el trabajo de Mr. Gladly antes de leer, porque no me estaba gustando el libro. Las biografías no eran lo mio, y especialmente no eran lo mio cuando sospechaba que era todo inventado.
Cual fuese mi plan, no tuve oportunidad de terminar mi wrap de pita. La puerta del baño se abrió de golpe. Me quedé congelada. No quería mover la bolsa y darle una pista a nadie sobre qué estaba haciendo, así que me quedé quieta y escuché.
No podía distinguir las voces. El ruido de la conversación fue ahogado por risas y el sonido de agua de los grifos. Alguien llamó a la puerta, sobresaltándome. Lo ignoré, pero la persona al otro lado volvió a llamar.
“Ocupado”, dije vacilante
“Oh dios mio, ¡es Taylor!” exclamó una de las chicas de fuera excitada, y después, respondiendo a algo que otra chica susurro, apenas la oí responder “¡Si, hacedlo!”
Me levanté de un salto, dejando caer al suelo de baldosas la bolsa con el ultimo bocado de mi comida. Lanzándome hacía la puerta, quité el cerrojo y empujé. La puerta no se movió. Hubo ruidos en los cubículos a ambos lados del mio, y luego un sonido encima de mi. Mire hacia arriba para ver que era, solo para ser rociada en la cara. Mis ojos empezaron a arder, y quede momentáneamente cegada por un fluido que enturbiaba mis gafas y hacía que me escocieran los ojos. Pude notar su sabor mientras caía en mi nariz y mi boca. Zumo de arándanos.
No pararon ahí. Conseguí quitarme las gafas justo a tiempo de ver a Madison y a Sophia inclinarse sobre la parte superior del cubículo, cada una con botellas de platico listas. Me agaché con las manos escudando mi cabeza justo antes de que vaciaran los contenidos sobre mi.
Resbaló por detrás de mi cuello, empapó mi ropa y mi pelo. Empujé la puerta otra vez, pero la chica al otro lado estaba sujeta contra ella con su cuerpo.
Si las chicas derramando zumo y refresco encima de mi eran Madison y Sophia, eso significaba que la chica al otro lado de la puerta era Emma, líder del trío. Notando una explosión de ira al darme cuenta, cargué contra la puerta, todo el peso de mi cuerpo golpeándose contra ella. No sirvió para nada, y mis zapatos perdieron tracción en el suelo lleno de zumo. Caí de rodillas en el charco de zumo.
Botellas de plástico vacías con etiquetas de zumos de uvas y de arándanos cayeron al suelo a mi alrededor. Una botella de refresco de naranja rebotó en mi hombro para caer en el charco antes de rodar bajo el tabique. El olor de bebidas afrutadas y refrescos era enfermizamente dulce.
La puerta se abrió de golpe y lancé una mirada penetrante a las tres chicas. Madison, Sophia y Emma. Mientras que Madison era mona, una flor tardía, Sophia y Emma eran el tipo de chicas que encajaban en la imagen de “reina del baile”. Sophia tenia la piel oscura, con un tipo delgado y atlético que había desarrollado como corredora en el equipo del instituto. La pelirroja Emma, por otro lado, tenia todas las curvas que querían los chicos. Era lo bastante guapa como para conseguir trabajos ocasionales como modelo amateur para los catálogos que sacaban las tiendas y centros comerciales locales. Las tres estaban riéndose como si fuera la cosa más graciosa del mundo, pero los sonidos de su diversión apenas se registraron en mi cabeza. Mi atención estaba en el ligero rugido de la sangre bombeando en mis orejas y un urgente, amenazador “sonido” que no se volvería menos ruidoso o menos persistente si me tapaba los oídos. Podía notar gotas corriendo por mis brazos y mi espalda, aun fríos de las maquinas expendedoras refrigeradas.
No confiaba en decir nada que no les diera más munición para meterse conmigo, así que me quede callada.
Cuidadosamente, me puse de pie y les di la espalda para coger mi mochila de encima del retrete. Verla me hizo pararme. Había sido verde caqui, antes, pero ahora manchas morado oscuro la cubrían, la mayoría de los contenidos de una botella de zumo de uva. Echándomela sobre los hombros me di la vuelta. Las chicas ya no estaban allí. Oí la puerta del baño cerrarse de golpe, cortando los sonidos de su diversión, dejándome sola en el baño, empapada.
Me acerqué al lavabo y me mire en el arañado y sucio espejo que estaba anclado encima. Había heredado una boca amplia, expresiva y de labios finos de mi madre, pero mis ojos grandes y mi figura desgarbada hacían que me pareciera mucho más a mi padre. Mi oscuro pelo estaba lo bastante empapado como para pegarse a mi cabeza, cuello y hombros. Llevaba una sudadera marrón sobre mi camiseta verde, pero manchurrones marrones, rojos y naranjas recorrían ambas. Mis gafas estaban perladas con con las gotas multicolor de zumo y refresco. Una gota corrió por mi nariz y cayó de la punta para aterrizar en el lavabo.
Usando un trozo de papel del dispensador, limpié mis gafas y me las puse otra vez.
Las manchas que quedaron hicieron que fuera igual de difícil o más ver de lo que había sido.
Respira hondo, Taylor, me dije a mi misma
Me quité las gafas para limpiarlas de nuevo con un papel mojado, y descubrí que las manchas seguían ahí.
Un inarticulado grito de furia y frustración escapó de mis labios, y le di una patada al cubo de plástico que había debajo del lavabo, lanzando el cepillo para retretes que había dentro volando contra la pared. Como eso no fue suficiente, me descolgué la mochila y usé las dos manos para lanzarla. Ya no usaba mi taquilla: Ciertos individuos la habían vandalizado o abierto en cuatro ocasiones diferentes. Mi mochila pesaba, cargada con todo lo que había anticipado que necesitaría para las clases de hoy. Crujió audiblemente con el impacto.
“¡¿Que coño?!” Le grité a nadie en particular, mi voz haciendo eco en el baño. Había lagrimas en los bordes de mis ojos.
“¡¿Que coño se supone que tengo que hacer?!” Quería pegarle a algo, romper algo. Para tomar represalias contra la injusticia del mundo. Casi golpeé el espejo, pero me contuve. Era algo tan pequeño que parecía que me haría sentir aun más insignificante en vez de desahogar mi frustración.
Llevaba soportando esto desde el primer día de instituto, hace año y medio. El baño había sido lo más parecido que podía encontrar a a un refugio. Había sido solitario e indigno, pero era un lugar al que podía huir, un lugar donde estaba fuera de su alcance. Ahora no tenia ni siquiera eso.
Ni siquiera sabia que se suponía que tenia que hacer para las clases de la tarde. Hoy había que entregar nuestro proyecto de arte, y no podía ir a clase así. Sophia estaría allí, y podía imaginar su presumida sonrisa de satisfacción cuando apareciera con pinta de haber intentado teñir toda mi ropa.
Además, acaba de lanzar mi mochila contra el muro y dudo que mi proyecto aun estuviera entero.
El zumbido al borde de mi conciencia estaba poniéndose peor. Mis manos temblaron mientras me doblaba y agarraba al borde del lavabo, respiraba larga y profundamente y dejaba que mis defensas cayeran. Durante tres meses, me había contenido. ¿Ahora mismo? Ya no me importaba. Cerré los ojos y note el zumbido cristalizar en información concreta. Tan numerosos como las estrellas en el cielo nocturno, minúsculos nudos de intrincados datos llenaron el área a mi alrededor. Podía centrarme en cada uno por turnos, cogiendo detalles. Los grupos de datos habían estado vagando hacia mi por reflejo desde que me salpicaron por primera vez en la cara. Respondieron a mi subconsciente, mis pensamientos y emociones, tan reflejo de mi frustración, mi ira, mi odio por esas tres chicas como lo eran mi corazón golpeando en mi pecho o mis manos temblando. Podía hacerles parar u ordenarles que se movieran casi sin pensar en ello, igual que podía levantar un brazo o mover un dedo.
Abrí los ojos. Podía notar la adrenalina vibrando por mi cuerpo, la sangre corriendo por mis venas. Tuve un escalofrío por las bebidas heladas que el trío había vaciado sobre mi, y por anticipación y un poco de miedo. En cada superficie del baño había bichos; Moscas, hormigas, arañas, cienpies, milpies, tijeretas, escarabajos, avispas y abejas. Cada segundo que pasaba más fluían al interior de la habitación a través de la ventana abierta y las varias entradas al baño, moviéndose con sorprendente velocidad. Algunos se arrastraron dentro a través de un hueco donde el desagüe del lavabo entraba al muro mientras que otros emergieron del agujero triangular del techo donde una sección de la espuma aislante se había roto, o de la ventana abierta con pintura desgastada y colillas de cigarrillos aplastadas entre clase y clase. Se reunieron a mi alrededor y se extendieron por cada superficie disponible; primitivos grupos de señales y respuestas, esperando a más ordenes.
Mis sesiones de practica, realizadas lejos de ojos curiosos, me habían dicho que podía indicar a un solo insecto que moviera una antena, o ordenar a la horda reunida que se moviera en formación. Con un pensamiento, podía separar un grupo particular, una madurez o una especie de este revoltijo y mandarles lo que quisiera. Un ejercito de soldados bajo mi completo control.
Seria tan fácil, tan fácil, ir a por Carrie en el instituto. Darles al trío su justo merecido y hacerles arrepentirse de lo que me habían hecho pasar: los horribles e-mails, la basura que habían vaciado sobre mi escritorio, la flauta –la flauta de mi madre– que habían robado de mi taquilla. No solo eran ellas- Otras chicas y un puñado de chicos se habían unido, “accidentalmente” saltándome cuando pasaban los ejercicios, añadiendo sus voces a los insultos y al torrente de horribles e-mails, para conseguir el favor y la atención de tres de las chicas más guapas y más populares de nuestro curso.
Era muy consciente de que me pillarían y me arrestarían si atacaba a mis compañeros. Había tres equipos de superheroes y un numero de héroes solitarios en la ciudad. No me importaba. ¿Imaginar a mi padre viendo las secuelas en las noticias, su decepción conmigo, su vergüenza? Eso era más desalentador, pero aun así no compensaba la ira y la frustración
Excepto que yo era mejor que eso.
Con un suspiro, envié una orden al enjambre reunido. Dispersaos. La palabra no era tan importante como la idea detrás de ella. Empezaron a salir de la habitación, desapareciendo en las grietas en las baldosas y a través de la ventana. Andé hasta la puerta y me apoye en ella con la espalda para que nadie pudiera tropezar con la escena antes de que todos los bichos se hubieran ido.
Por mucho que quisiera, no podía seguir adelante. Aun temblando de humillación, conseguí convencerme de coger mi mochila y dirigirme pasillo abajo. Salí del instituto, ignorando las miradas fijas y las risitas de todos con los que me cruzaba, y cogí el primer autobús que se dirigía en la dirección general de mi casa. El frio de los comienzos de la primavera agravaba la molestia de mi pelo y ropas empapados, haciéndome temblar.
Iba a ser una superheroina. Ese era el objetivo que usaba para calmarme en momentos como este. Es lo que usaba para hacer salir de la cama los días de instituto. Era un loco sueño que hacia las cosas tolerables. Era algo que desear, algo por lo que trabajar. Hacia posible no seguir obsesionándome con el hecho de que Emma Barnes, líder del trío, había sido una vez mi mejor amiga.

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Si hay algún voluntario para QA (edición, corrección) o traducción envieme un PM o dejen un comentario.

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2015.08.31 12:44 rnq73fk ¿Pactar con el PSOE tras las Generales? Antes morir, dicen los australopitecos.

Sin la menor duda, yo considero y he considerado y consideraré, que el PSOE es nuestro principal "enemigo" (rival político porque enemigo suena feo) Mucho más peligroso que el PP. Pactar con el PSOE en un Gobierno jamás. A menos que..., sí, a menos que sea el mejor de los males. Como Comunista Leninista aconsejo a todos (incluso a los que se declaran abiertamente de "derechas" pero son gentes de buena fe, que los hay a millones) que se lean el libro de Lenin: "La Enfermedad Infantil del Comunismo: el Izquierdismo". Lenin decía que el Izquierdismo es la enfermedad infantil del Comunismo. Como un sarampión. Y por favor que no me digan que en la llamada Unión "Zooviética" se había implantado el "COMUNISMO". El último comunista, Trotsky, fue asesinado con un pico de escalador por un asesino stalinista español (R. Mercader) en México. Un infelíz dominado por du madre. La Historia de Mercader es digna de ser leída. Queridos compañeros, PODEMOS, tiene el propósito y la intención manifiesta y firme de "cambiar las cosas". El objetivo es el cambio y ya PODEMOS ha hecho una labor por ese cambio que NO SABEMOS VALORAR. Sí YA PODEMOS la ha hecho. No es suficiente, lo dice Pablo y yo, que a veces he sido injusto y he criticado sin suficientes conocimientos de causa, ahora estoy completamente de acuerdo con Él. Y la otra noche oí a Monedero y ahora tengo una foto es más bien un dibujo) en mi comedor. Y a mis "chicas" -soy un asqueroso machista porque a las mujeres luchadoras de PODEMOS las llamo "mis chicas" cosa que seguro que les da, a ellas, una patada en el estómago. Pero como yo soy un viejo "pitopaúsico" me lo permito: C. Bescansa, Teresa Rodríguez, Irene Montero, Lola Sánchez, Tania González y mi camarada Tania Sánchez -que no es de PODEMOS pero como si lo "fusiese"- y otras muchas -yo estoy enamorado de todas ¿Qué sería de nosotros sin ellas? Son más inteligentes y usan los dos lóbulos frontales- Y a Echenique que es el mejor ejemplo de superación y al que tengo una admiración inconmensurable -en sentido matemático- Y Errejón, esa especie de "niño prodigio" . ¡Joder, entre mujeres y hombres QUÉ EQUIPO TENEMOS! Yo no soy partidario del "culto a la personalidad"; yo juzgo por méritos. Bien. Cuando le preguntan a Pablo Iglesias ( o a Errejón o a Monedero -¡mira que llamarse "monedero"; le vendría mejor a Bárcenas!) que si DESPUÉS DE LAS GENERALES PACTARÍAMOS CON EL PSOE. Queridos míos, de una vez por todas y según Lenin: esa pregunta no se puede contestar hasta que veamos el resultado de las Generales: SI RESULTA QUE PACTAR CON EL PSOE O CON EL MISMO SATANÁS ES LO MENOS MALO PARA EL PUEBLO, HABRÁ QUE PACTAR. Lo otro será "una enfermedad infantil de PODEMOS". Yo con Pablo, Bescansa, Teresa Rodríguez (¡qué guapa es!), Tania González (¡que sonrisa tan sexi!), Iñigo, Monedero (yo lo llamo "Strélnikov" por esas gafitas propias de la Revolución Rusa) y todos los demás. ¡TODOS A APOYARLOS Y A SALIR A LA CALLE, PACÍFICAMENTE, A LUCHAR POR PODEMOS! ¡JODER: NOS VA LA VIDA Y EL FUTURO!
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